Un obispo, salesiano español, para el corazón de Marruecos

por José Manuel Vidal, 10 de marzo de 2018 (periodistadigital.com)

Cristóbal López: “He venido para amaros”

Cardenal Omella: “Recuerda que los musulmanes no son adversarios sino compañeros de viaje”

El salesiano Cristóbal López, nuevo arzobispo de Rabat RD

Para evangelizar en tierras del islam, el nuevo arzobispo de Rabat, Cristóbal López, ofrece “el servicio del amor”, mientras el consagrante principal, cardenal Omella, pide para él el don de Salomón y el Rector Mayor asegura que será un pastor “misionero, dialogante y para todos”.

En ese espíritu saludó a la asamblea el ya arzobispo de Rabat, en una emocionada alocución al final de la ceremonia, interrumpida por constantes aplausos y ululares de la gente.

Tras dar gracias a Dios y a su antecesor, recordó el lema de un santo ante la llamada del Señor: Sin reservas, sin retraso, sin retorno, por amor.

También dio las gracias al rey Mohamed, “comendador de todos los creyentes, también de los cristianos”, a obispos, curas y fieles, con un saludo especial a su padre de 93 años, que “ha sido valiente y ha querido acompañarme”.

Y su declaración de intenciones: “Quiero ser, como Kenitra, un pequeño puente que una a cristianos y musulmanes, pobres y ricos, europeos y africanos, jóvenes y mayores”.

Un obispo sin grandes pretensiones, un pequeño puente, que afronta su misión con serenidad, porque “Jesús me eligió y me trajo aquí”, porque “hay mucha gente que reza por mi” y “porque cuento con una comunidad joven, con una media de 35 años de edad, con 32 curas y más de cien religiosos y religiosas”.

¿Su objetivo? El servicio del amor. “He venido para amaros. No os conozco todavía, pero ya os quiero. Sois mi familia y la razón de mi existencia”.

Una sentida declaración de amor con una meta: construir el Reino, siguiendo el programa del magisterio de Francisco, su ejemplo de pastor y su testimonio de vida.

Con dos prioridades: los jóvenes y los pobres. Y para eso quiere ser simplemente Cristóbal, el portador de Dios. Por eso prefiere que no le llamen excelencia o monseñor, sino padre Cristóbal.

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